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Del mismo modo que hemos oído en alguna ocasión que no se debe dormir con plantas o flores, existen muchas leyendas urbanas cuyo origen tiene que ver con algún principio más o menos cierto del que se ha extraído una conclusión equivocada. La tendencia humana de dar credibilidad a lo catastrófico a pesar de que nuestro sentido común nos diga lo contrario, nos lleva a creer como ciertos, mitos que no lo son en absoluto.

El nacimiento de una leyenda urbana

En 1945 el Consejo Americano de Nutrición indicó que una persona viene consumiendo de media al día unas 64 onzas de liquido (el equivalente a unos ocho vasos). En una persona sana, sin perjuicio de que debemos beber agua cuando nuestro organismo nos lo pida, restituimos diariamente esos líquidos a través de alimentos como frutas, verduras, salsas, lácteos y el resto de alimentos que consumimos.

No obstante, a partir de ahí se difundió la conclusión errónea de que “Hay que beber ocho vasos de agua al día”. Conclusión que, si bien no hace daño, es una afirmación totalmente falsa, absurda y carente de rigor científico. Otra cosa es cuando el médico nos señale una cantidad diaria debido a alguna patología.

La leyenda urbana de las flores y plantas devoradoras de oxígeno

En 1779, el Neerlandés Jan Ingenhousz, descubridor del proceso de la fotosíntesis, concluía que las flores y plantas necesitan respirar como cualquier otro ser vivo. Es decir, consumen oxigeno y liberan CO2 y además lo hacen siempre, tanto de día como de noche, al igual que cualquier otro ser vivo.

Sin embargo, a diferencia de los animales, en sus hojas verdes, las plantas tienen la capacidad de realizar simultáneamente el proceso contrario. Es decir, en presencia de luz solar absorben el CO2 y desprenden oxígeno, roceso al ue denominó Fotosíntesis. No obstante también observó que es mucho mayor el oxigeno que liberan por la fotosíntesis que el que consumen con la respiración.

Jan Ingenhousz
Ahora situémonos en pleno siglo XVIII donde los pacientes en los hospitales solían estar hacinados en grandes salas con numerosas camas juntas. Asimismo eran sobradamente conocidos los efectos beneficiosos de flores y plantas por lo que se colocaban numerosas plantas en cada hueco que era posible. En consecuencia, este hacinamiento de personas hacía que el aire se viciara, sobre todo en invierno cuando no se puede ventilar tan a menudo. Entonces Jan Ingenhousz llegó a la conclusión de que, en una aire viciado por el número de pacientes, si no se podía reducir el número excesivo de estos por sala, si, al menos, sería más fácil sacar las plantas por la noche cuando no realizan la fotosíntesis. Es por esto que recomendó sacar las plantas y flores fuera de las salas de los pacientes por la noche.

Un ejemplo práctico

Prácticamente todos los floristas del mundo, en vísperas de grandes pedidos, trabajan durante toda la noche en sus tiendas o almacenes. Además, en el caso de, por ejemplo, el día de Todos los Santos, al ser invierno en el hemisferio norte, suele hacer bastante frío por lo que se trabaja a puerta cerrada.

Ahora imaginemos a, por ejemplo, tres, cuatro o más personas trabajando en una sala cerrada con todas las plantas de su tienda, algunos miles de tallos de flor cortada puestos en cubos de agua y varias decenas de centros ya colocados en estanterías de composiciones terminadas. Pues bien, no se conoce un solo caso en el mundo de intoxicación por CO2 de floristas trabajando de noche ni de día.

Dormir con plantas - Orquideas

¿todas las plantas respiran de noche?

Algunas plantas como las Orquídeas, el Aloe Vera, la Sansevieria, la Albahaca, las Gerberas, el Nimbo de la India, la Areca, el Cactus de Navidad, el Ficus Religiosa o, en general, las de hojas carnosas, como las suculentas, por el día cierran sus alveolos y es por la noche cuando absorben CO2, que acumulan durante la noche hasta que amanece, momento en el que, con la luz del sol, empiezan a realizar la fotosíntesis con el CO2 acumulado durante la noche.

¿Cuanto oxígeno consume una planta?

Por sentido común, aunque científicamente ya lo demostró Antoine Lavoisier en 1783, un ser vivo consumirá más oxigeno cuanto mayor tamaño tenga, más actividad realice y más temperatura necesite generar para vivir. Partiendo de este principio, una mascota pequeña consumirá mucho menos oxigeno que una persona. Y, evidentemente, una planta de tamaño medio, que no se mueve ni genera calor en su organismo, no podrá consumir ni de lejos, cantidades de oxigeno comparables a las que consuma una persona, ni siquiera comparables a las de la mascota.

Según las conclusiones de Lavoisier, una persona de unos 70 kg. en absoluto reposo, consumirá un mínimo de 14 litros/hora de oxígeno. O lo que es lo mismo, en una habitación herméticamente sellada de unos 16 metros cuadrados, teóricamente tardaría unas 570 horas  (aproximadamente 23 días) en consumir todo el oxígeno si mantiene una respiración pausada y no se mueve.

En botánica, una planta de tamaño medio (pongamos un Pothos de unos 20 cm. por ejemplo) viene a consumir de media aproximadamente 0,102 litros/hora de oxígeno. Nuestra planta tardaría en total oscuridad, porque con luz generaría oxígeno, unas 80.000 horas (aproximadamente 10 años) en dejar sin oxígeno la habitación. Dicho de otra forma, harían falta unas 140 plantas como la del ejemplo para que consumieran el mismo oxigeno que una persona de 70 kg.

No parece, a la vista de estas cifras, que dormir con plantas resulte en modo alguno peligroso desde el punto de vista del oxígeno que consumen.

En conclusión ¿Se puede dormir con plantas?

Excepto en el caso de que se esté convencido de que las flores y plantas cuando cerramos los ojos sufran una mutación genética que les haga salirse caminando de sus macetas y floreros a robarnos el oxígeno, no se conoce ninguna evidencia científica que afirme que existe peligro alguno por falta de oxigeno al dormir con plantas. Sin embargo si que existen numerosos estudios científicos sobre los beneficios de flores y plantas sobre la salud tanto física como psicológica.

No se conoce ningún caso documentado de intoxicación por CO2 producida por flores o plantas. Tampoco ninguna evidencia científica que concluya que ninguna concentración de plantas (imaginemos un poblado en medio de la selva), resulte peligrosa desde el punto de vista de la falta de oxígeno o el exceso de CO2 producido por flores y plantas.

Tampoco se conoce ninguna normativa del mundo que obligue (ni siquiera que recomiende) la instalación de detectores de CO2 en lugares de almacenamiento de flores y plantas. En tanto que si  las hay, por ejemplo, para detectar el CO en los garajes de vehículos.

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